Las bondades del chicle

Sinónimo de rebeldía en las películas de los 50 y de apatía juvenil frente al mundo adulto, mascar chicle se mantiene inalterablemente como un hábito para millones de personas alrededor del mundo. 

El efecto tranquilizante que supone el cadencioso movimiento de mandíbulas paseando la goma deliciosamente saborizada por toda la cavidad bucal, parece ser uno de los factores de su éxito. Por su parte, los enamorados acuden a él para conseguir un aliento memorable. Los galanes audaces lo usan como herramienta de conquista, y las chicas para mostrar desdén y una estratégicamente seductora falta de interés en su conquistador. 

Lo nuevo, más allá de todo el placer que genera el chicle, son las nuevas bondades que le han descubierto y que la ciencia le ha incorporado para mantener la salud y colaborar al bienestar general de quienes lo mastiquen. 

Mejor masticar que sacar humo 

La lucha antitabáquica ha encontrado en este hábito una exitosa manera de utilizar esta dulce costumbre en el vehículo de la nicotina en el tratamiento de la humeante adicción. Lo que se considera la “funcionalidad psiquiátrica” de la goma se convierte en una aliado estupendo para este fin. 

Menos caries 

Recientes estudios han expuesto sus resultados a favor del chicle para prevenir las caries. Catherine Hayes, investigadora y profesora asociada a la Escuela de Medicina Dental de Harvard publicó en el portal de Instituto Nacional de Investigación Dental y Cráneo Facial de los Estados Unidos toda su investigación. 

En el estudio Hayes hace una revisión de 14 estudios clínicos realizados entre 1966 y 2001, que avalan los efectos del sorbitol en cuanto a la incidencia de caries. 

Estos reportes demostraron una consistente disminución de caries dental, que fluctuó del 30 al 60 por ciento entre los participantes de la investigación que utilizaron gomas de mascar o cremas dentales con edulcorantes en su fórmula. 

Existen varios estudios clínicos que investigan la relación entre la disminución de la caries y el uso de chicles sin azúcar. De igual manera, Hayes indica que estos productos pueden ayudar al mantenimiento de la higiene bucal por dos factores principales: disminución en la producción de ácido láctico, que es el responsable de la desmineralización de los dientes, y el aumento de la salivación con lo cual se facilitaría la remoción de las partículas de azúcar en la boca. Una de las investigaciones clínicas citadas por Hayes fue realizada en Belice, entre 1989 y 1993. Se estudió el caso de 1.277 niños de 10 años, escogidos aleatoriamente, los cuales fueron divididos en dos grupos. Ambos recibían dos tipos diferentes de gomas de mascar para consumir: unas con edulcorantes y otras con azúcar. Las marcas de gomas utilizadas no fueron identificadas y durante 200 días de jornada escolar, los niños eran estimulados a mascar durante cinco minutos al día las gomas que recibían. Además de esto, las consumieron en el período de vacaciones escolares. 

Después del fin de la investigación, los niños fueron evaluados por cuatro odontólogos que dieron su diagnóstico de existencia de caries bucal, basados en las definiciones realizadas por la Organización Mundial de la Salud, en tres períodos diferentes: 12 meses, 28 meses y 40 meses después del inicio del consumo de los chicles. Hubo importantes reducciones en los índices de existencia de caries en grupos que consumieron gomas de mascar con sorbitol y otros edulcorantes y un pequeño aumento del índice de caries entre los niños que utilizaron gomas con azúcar. 

Investigaciones como éstas quizás no logren sacar al chicle del lugar que tradicionalmente ha ocupado como costumbre desaconsejada por los manuales de urbanidad, pero sí lograrán que algunas madres lo piensen dos veces antes de pedir a sus niños que boten el chicle. 

Aunque con moderación 

Como todos sabemos todo consumo debe de realizarse en su justo término, sin excesos. Porque un abuso del sorbitol tiene sus efectos gastrointestinales. Así se explicaba en un artículo publicado en British Medical Journal, donde un grupo de médicos de la Universidad de Berlín dirigidos por el doctor Juergen Bauditz informaba que el consumo excesivo de sorbitol provocaría diarrea crónica, dolor abdominal y pérdida de peso. Esto es lo que les ocurrió a varios pacientes que habían consumido de 15 a 20 chicles “sin azucar” diarios. La razón es que el sorbitol, también conocido como E420, es escasamente absorbido por el intestino delgado y se sabe que tiene propiedades laxantes. 

El chicle y la agudeza mental 

La Universidad de Northumbria en Inglaterra realizó un estudio con tres grupos de voluntarios: uno masticaba chicle, el segundo masticaba imaginariamente (hacía movimientos de mascado sin chicle) y el tercero no masticaba. 

Antes de masticar, los “masticadores” reales y simulados, tuvieron que pasear por el interior de su boca el chicle real o imaginario durante tres minutos. Los investigadores, que administraron unas pruebas de memoria y aprendizaje, observaron un superior rendimiento entre quienes masticaron la goma (35 por ciento) frente a los que no lo hacían y hasta en quienes lo hicieron solo de manera simulada también tuvieron un rendimiento algo mejor que quienes no masticaron. 

Las hipótesis alternativas que maneja el doctor Scholey, quien dirigió el estudio son: que el mascar chicle es un ejercicio físico que aumenta la frecuencia cardiaca (tres latidos por minuto), con lo que aumentaría la perfusión cerebral o que al masticar, como es un efecto condicionado, se libera insulina que se podría adherir a los receptores del hipocampo del cerebro, mejorando el rendimiento y cognitivo del cerebro. Para los especialistas que han buscado interpretaciones a los resultados del estudio, la mejoría de la memoria que se produciría al mascar tiene relaciones con la estimulación de hormonas que reducen el estrés.

 

Fuente: 
EFE
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